En muchas farmacias, el problema no está en comprar caro. Está en comprar por inercia.
El sistema propone un pedido. El mínimo sigue ahí desde hace tiempo. El artículo “tampoco va mal”. Y, casi sin darte cuenta, se van acumulando productos que no deberían estar entrando con tanta facilidad.
Pasa mucho más de lo que parece.
Porque una cosa es que el programa proponga pedir. Y otra muy distinta es que ese pedido tenga sentido hoy, con la rotación real que tiene ese producto y con la forma en la que trabaja la farmacia.
Ahí es donde entran los mínimos.
El mínimo no es una verdad sagrada
En muchas farmacias, los mínimos se ponen una vez y luego se quedan años sin tocar.
Y claro, al principio podían tener sentido. Pero la farmacia cambia. Cambia la salida de ciertos productos, cambia la demanda, cambian las campañas, cambian las recomendaciones en mostrador y cambia incluso la manera de comprar.
El problema es que el sistema no piensa por sí solo. Si el mínimo está mal, el pedido también acabará mal.
Por eso, revisar mínimos no es una tarea técnica sin más. Es una forma bastante directa de evitar comprar de más.
Esto enlaza directamente con el método ABC
Aquí es donde conecta muy bien con el artículo anterior sobre método ABC en la farmacia.
Porque si ya has asumido que no todos los productos merecen la misma atención, entonces tampoco tiene sentido que todos tengan el mismo criterio de reposición.
Un producto A, que rota de forma constante y que no debería faltar, no se gestiona igual que un producto C o D, que sale poco, sale regular o directamente apenas se mueve.
Ese es el error de fondo: tratar igual lo que no se comporta igual.
Tampoco todos los productos deberían tener los mismos días de venta
Y aquí enlaza con el segundo artículo de la serie: cuántos días de venta conviene tener en la farmacia.
Porque el mínimo no deja de ser una forma práctica de decidir cuánta cobertura quieres mantener.
Si trabajas con un distribuidor que te repone en menos de 24 horas, no tiene demasiado sentido cargar igual todos los productos. En muchos casos, sobre todo en lo que rota de verdad y se recibe rápido, se puede trabajar bastante más fino de lo que muchas farmacias hacen.
Por eso el mínimo debería depender de dos cosas muy sencillas:
cómo sale ese producto
y cuánto tardas en poder reponerlo
No de la costumbre.
Muchos pedidos sobran no porque el producto sea malo, sino porque el mínimo está inflado
Esto se ve clarísimo cuando se revisa un poco el stock con calma.
Hay productos que no van mal. Incluso algunos salen razonablemente. El problema no es el artículo. El problema es que el sistema sigue reponiéndolo como si necesitara más cobertura de la que de verdad necesita.
Y así es como empiezan a aparecer esas compras que no parecen graves una a una, pero que juntas van haciendo que la farmacia se cargue cada vez más.
Un mínimo demasiado alto acaba generando un pedido demasiado fácil.
Y un pedido demasiado fácil acaba generando más stock del necesario.
Hay una pregunta muy útil para revisar un mínimo
No hace falta complicarse mucho.
La pregunta buena es esta:
si hoy este artículo bajara a cero, ¿de verdad me preocuparía tanto como para querer tener siempre esa cobertura?
Si la respuesta es sí, seguramente merece un mínimo bien cuidado.
Si la respuesta es no, o “depende”, quizá ese producto no necesita estar entrando con tanta alegría.
A veces el gran cambio en la farmacia no está en dejar de vender ciertas referencias. Está en dejar de comprarlas como si fueran más importantes de lo que realmente son.
Cuándo conviene revisar un mínimo
No hace falta revisar todos los productos todos los días. Pero sí hay señales bastante claras de que un mínimo ya no encaja.
Por ejemplo:
cuando un artículo lleva tiempo entrando pero no saliendo al mismo ritmo
cuando el stock empieza a parecer demasiado alto para lo que de verdad rota
cuando ves que el sistema lo repone con más frecuencia de la que tiene sentido
cuando un producto ha perdido salida y nadie ha tocado su configuración
o cuando una categoría entera se ha quedado más lenta y sigue funcionando con los mismos parámetros de hace meses
Ahí es donde merece la pena parar un momento.
Qué suele tener sentido hacer según el tipo de producto
Sin volver esto una tabla rígida, sí hay una lógica bastante clara.
Los productos A suelen justificar un mínimo más cuidado, porque son los que sí sostienen parte importante del día a día. Ahí interesa afinar, pero sin pasarse, sobre todo si la reposición del distribuidor es rápida.
Los productos B pueden admitir una vigilancia intermedia. Ni abandono ni exceso de protección.
Los C ya piden mucha más prudencia. Si la salida es baja, el mínimo no debería seguir empujando pedidos como si fueran referencias fuertes.
Y los D, directamente, muchas veces merecen una pregunta incómoda: si apenas se venden, ¿por qué siguen teniendo un mínimo que hace que vuelvan a entrar?
Ahí es donde el método ABC deja de ser teoría y empieza a servir de verdad.
El sistema propone, pero no decide por ti
Este punto es importante.
Muchos programas de gestión ayudan mucho, pero no dejan de trabajar con lo que tú les has dicho. Si el artículo tiene un mínimo alto, si el lote está sobredimensionado o si la configuración arrastra una lógica antigua, el sistema seguirá proponiendo compras que quizá ya no encajan con la realidad actual de la farmacia.
Por eso conviene mirar el pedido con un poco más de intención.
No como quien simplemente confirma lo que sale en pantalla, sino como quien se pregunta si de verdad hace falta reponer eso hoy.
A veces la diferencia entre una farmacia ligera y una farmacia pesada empieza exactamente ahí.
Cuándo un producto debería pasar a funcionar casi bajo demanda
Hay productos que, con el tiempo, piden a gritos este cambio.
No porque haya que dejar de tenerlos siempre, sino porque no tiene sentido seguir comprándolos igual que antes.
Cuando la salida es muy irregular, cuando el producto tarda mucho en moverse, cuando ocupa más dinero del que aporta o cuando sabes que puedes recibirlo rápido si hace falta, muchas veces lo razonable es bajar mucho el mínimo o incluso trabajar casi bajo pedido.
Esto no es desatender la farmacia. Es ordenar mejor la forma de comprar.
Y en bastantes casos, al farmacéutico le cuesta más dar ese paso por costumbre que por necesidad real.
Muchas malas compras empiezan antes de la oferta
Esto también conviene decirlo, porque enlaza con el siguiente artículo: ofertas en la farmacia: cómo saber si de verdad convienen.
Solemos pensar que el exceso de stock viene de una promoción mal cogida. Y sí, a veces pasa.
Pero muchas veces el problema viene de antes. Viene de una farmacia que ya tiene los mínimos demasiado altos, que ya repone productos con demasiada facilidad y que, por tanto, ya está comprando de más incluso antes de que llegue una oferta.
Luego aparece la promoción y simplemente remata lo que ya estaba mal planteado.
Por eso revisar mínimos y pedidos no es un asunto menor. Es una de las formas más directas de cortar el exceso de stock antes de que aparezca.
Una forma sensata de revisar pedidos
No hace falta convertir esto en una auditoría diaria.
Basta con mirar el pedido con tres preguntas bastante simples:
¿este producto sale de verdad al ritmo que justifica esta reposición?
¿el mínimo que tiene hoy sigue teniendo sentido?
¿si no me lo propusiera el sistema, yo lo pediría igual?
Cuando la respuesta a la tercera empieza a ser “no”, normalmente hay algo que revisar.
Y muchas veces no es el producto. Es el criterio con el que lo estás reponiendo.
A veces el problema no es vender poco, sino comprar demasiado pronto
Ese matiz es muy importante.
Hay referencias que sí se venden, pero no tan rápido como para estar entrando otra vez cada poco. Y ahí es donde un mínimo mal puesto genera una sensación falsa de necesidad.
Parece que hay que pedir. Pero en realidad no hacía falta todavía.
La farmacia no se carga solo de productos que no salen. También se carga de productos que sí salen, pero que se vuelven a pedir antes de tiempo.
Y eso, multiplicado por muchas referencias, acaba pesando mucho.
Ajustar mínimos no es recortar por recortar
No se trata de dejar la farmacia sin producto ni de jugar a apurar demasiado.
Se trata de que cada artículo tenga la cobertura que merece según su salida real, su importancia y la facilidad con la que puedes reponerlo.
Eso es todo.
En una farmacia bien afinada, no todo tiene el mismo mínimo. Y precisamente por eso el stock funciona mejor.
Conclusión
Si una farmacia quiere comprar mejor, revisar mínimos y pedidos es uno de los sitios más útiles por donde empezar.
Porque el exceso de stock muchas veces no nace en una gran decisión equivocada. Nace en pequeñas reposiciones que se van aprobando por rutina, en mínimos que nadie revisa y en pedidos que el sistema propone porque sigue trabajando con una lógica antigua.
Por eso conviene pararse a mirar qué productos merecen de verdad un mínimo cuidado, cuáles pueden trabajar con menos cobertura y cuáles deberían dejar de entrar tan fácilmente.
Ahí es donde se nota si la farmacia está comprando con criterio o simplemente repitiendo costumbres.
Y cuando eso se ajusta bien, todo lo demás mejora un poco: el stock, la caja, el almacén y también la forma de valorar las ofertas.
También te puede interesar
• Método ABC en la farmacia: por qué no todo el stock merece la misma atención — /blog/metodo-abc-farmacia-no-todo-stock-merece-misma-atencion
• Cuántos días de venta conviene tener en la farmacia según el tipo de producto — /blog/cuantos-dias-venta-conviene-tener-farmacia-tipo-producto
• Ofertas en la farmacia: cómo saber si de verdad convienen — /blog/ofertas-farmacia-saber-si-verdad-convienen